De nudos negros y carreteras que irían al Olivino

“Ya”.
Colgó, se acurrucó en el sofá rápido. Pero no había lágrimas ni nada.
Estaban ahí porque notaba el nudo de la garganta. De esos que aprietan hacia arriba.
Saltó del sofá, miró a su alrededor. La maleta. Sí, eso. La maleta.
¿Pantalón y camisa? ¿Camiseta con chaqueta? ¿O una falda y…?
Vació el armario en la maleta. El nudo seguía apretando, ahora hacia atrás.
Cogió el móvil, miró a su alrededor. Un primo, una prima… un hermano… India.
Aviones, trenes… pero no, decidió coger el coche. Las llaves estaban en la tercera balda de la estantería.
Colgando, Darth Vader Lego, de negro. Porque Darth Vader viste de negro. Cogió el abrigo negro.
Un limbo de 6 horas de coche, de colgar, de dormir, de mirar hacia atrás.
Y el coche bordeó  Jerez. Y paró en el principio de la carretera hacia el Olivino.
La diferencia era que esta vez era más final que principio.
Miró a su alrededor y se derrumbó.
“Ya”.
Y el nudo de la garganta se soltó.

Al abuelo Carlos 4 años después


2 pensamientos en “De nudos negros y carreteras que irían al Olivino

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