Occidente examinando a China

– Evolución del conocimiento y de las relaciones entre China y Occidente –

El mundo ha ido evolucionando hacia una sociedad informada, pero este gran impulso de conocimiento de y entre los diferentes pueblos, es una realidad bastante nuevo.

La historia actual de todos los pueblos empieza de una manera parecida: “en la prehistoria, el hombre se preocupaba en sobrevivir, en no morir a manos de la tribu vecina como mucho”. Y así es como empieza también la historia de China. Surgen las primeras diferencias regionales hasta que la dinastía Shang se hace con el poder y forma un pequeño imperio. Luego, los Zhou ayudarán a que esa primera cultura arraigue completamente y empiecen las primeras expediciones hacia tierras occidentales. Y, aunque el conocimiento es muy escaso, el hecho de que comenzaran a usar caballos hacia el 1.200 a. c. o que se hayan encontrado momias de raza caucásica en Xianjiang que datan del 2.000 a. c., nos hace suponer que ese contacto era una realidad en la tierra de loess, hacia el noroeste[1].

La evolución es paulatina. En el s. IV a. c. China empieza a comerciar seda con la India. Con la llegada de los Han al trono, se habla del primer boom explorador. El conocimiento se hace mayor y Han Wudi da el pistoletazo de salida a la expansión asiática. Los Han llegan incluso al Golfo Pérsico asentando así los cimientos de la futura ruta de la seda que se consolida en el norte de China hacia el s. III d. c. En esta época, también se abren rutas marítimas hacia la India y el sudeste asiático. Destaca la expedición de Faxian que trajo mucha información sobre otras rutas, la apertura de barrios para mercaderes extranjeros y la llegada de monjes budistas que traen una nueva cultura al país[2].

Con la unificación de China a manos de los Sui se ponen las bases de la prosperidad Tang. Los Tang se expanden hacia Asia Central. Se alcanza un gran prestigio exterior. Además, otro ejemplo de este aumento de relaciones es que, en la capital, se crea un mercado extranjero, llegan el Islam y el nestorianismo, las expediciones budistas a la India proliferan y se crean embajadas extranjeras en territorio chino[3].

Después de este gran impulso, no es posible la marcha atrás, y después de la inestabilidad de la desunión, con los Song, llega una revolución comercial y económica sin precedentes. Hay que señalar que la ruta de la seda se convierte en insegura debido a la presión en el norte de los jurchen. Es entonces cuando China busca una alternativa en el comercio marítimo. Rara vez cruzan Malasia, pero eso no impide que algunos mercaderes lleguen y escriban sobre Java o, incluso, Al-Andalus. Una prueba de ello es la rápida llegada a Occidente de inventos chinos como la pólvora, el papel o la brújula[4].

Pero los Song empiezan a decaer y Gengis Kan expande por todos lados su imperio mongol llegando a Persia, el Cáucaso y a lo que hoy es Afganistán e Irán. China no se libra de esto y es conquistada por un pueblo que viene él mismo de una zona más occidental que la propia China. La Pax Mongolica del s.XIII permite la circulación de viajeros. Es la primera vez que cruzar de una punta a otra el continente es seguro. El primer viaje a través del país mongol lo hizo Changchun. El primer europeo en llegar a la corte mongola es Carpini, luego Kubruck, y en 1262, los hermanos Polo llegan a China recibidos por Kubalai[5].

Al caer la dinastía mongol, un campesino proclama la nueva dinastía Ming, la que será la más autocrática de la China premoderna. Se prohíbe viajar y comerciar fuera de las fronteras si no es en misión imperial y las costas se llenan de piratas extranjeros. Aún así, los viajes de Zheng He dan importantes conocimientos a los chinos sobre Occidente, llegan hasta África y llenan el palacio de exotismo. Los chinos abandonan por tanto el circuito comercial de la zona y los portugueses y holandeses aprovechan para hacerse con él. Y es que, en esta misma época, los portugueses llegan a Asia para comerciar y, cuando no pueden hacerlo, doblegan. Los españoles, en cambio, llegan para conquistar y quedarse. Macao es conquistada por los portugueses y en 1640 se convierte en colonia comercial tolerada por China. Los españoles conquistan Filipinas en 1564 y allí tienen la primera tona de contacto con los chinos, que acaban permitiendo que los españoles funden una misión en Fujian. De esta época, destaca el libro de González de Mendoza: “Historia de las cosas más notables del Reyno de la China”, que se convierte en el más popular del mundo[6].

En el s. XVII se produce un cambio de dinastía. Los Qin, de origen jurchen se establecen poco a poco en China habiendo problemas de entendimiento entre ambos pueblos. Los jesuitas que viven en China, hacen llegar a Europa una imagen de este país que entusiasma a la Ilustración. El cristianismo busca su hueco en esta cultura y, en 1692, Kangxi dicta un Edicto de Tolerancia para que se pueda practicar esta religión siempre que acepten el culto a los antepasados y a Confucio. Pero, aunque en un principio en Papa aprueba este punto, la polémica Querella de los Ritos, se acaba zanjando en 1715, el Papa se echa atrás y el cristianismo desaparece de China. Kangzi se distancia de los jesuitas aunque algunos se quedan en la corte desempeñando oficios no religiosos. Europa y China cortan sus relaciones y las grandes revoluciones del s. XVIII, pasan desapercibidas por China. Lo que sí llega al país, es un gran número de rusos desarrollándose la primera sinología en Occidente. En cuanto al comercio, los Qin siguen siendo reticentes a lo extranjero. Lord Macartney llega al frente de una expedición inglesa para pedir la apertura al comercio. Qianlong se niega y lo único que saca Macartney de todo esto es una gran experiencia que deja por escrito[7].

Después de este resumen, me gustaría destacar algunos puntos de toda esta evolución. Me parece muy interesante resaltar la presencia de europeos (en su gran mayoría, religiosos) en la corte china durante los últimos siglos. Era una presencia constante y laica, es decir, que no eran guías espirituales, sino que se dedicaban a la astronomía o la cartografía, y sus conocimientos eran muy apreciados. Incluso, participaron puntualmente en política ayudando a firmar acuerdos con otros pueblos[8]. Lo interesante de todo esto es que la situación inversa no fue ni mucho menos igual, es decir, no encontramos una presencia china constante y apreciada en los palacios europeos.

Es obvio que ambas culturas se influenciaron. Por ejemplo, en Estados Unidos e Inglaterra beber té se hizo indispensable; por otro lado, la arquitectura en Reino Unido en el siglo S. XVIII recibe grandes influencias orientales: chinas e indias. En vivo y en directo, he apreciado dicha influencia en el palacio de verano que la realeza tenía en Brighton: el Royal Pavilion y, gustos aparte, resultaba muy original y colorido[9], sólo posible gracias al conocimiento mutuo. A este respecto, también, la medicina china (resaltando la acupuntura) empezó a conocerse en Europa en el s. XVIII[10].

Todo esto fue sólo hace un par de siglos. Hoy en día vivimos en un mundo globalizado. Con Internet, la mayoría de las fronteras físicas ya no existen. El viajar se ha convertido en algo asequible para muchos bolsillos. Las universidades crean licenciaturas especializadas en Oriente, puedes practicar artes marciales en tus ratos libres o aprender un idioma que se habla en el otro extremo del planeta. El pueblo llano chino coloniza con su presencia España[11]… La información está presente, otra cosa es que, en general, las poblaciones no profundicen o se mueven por estereotipos.

Ni Carpini, ni González de Mendoza, ni tampoco Lord Macartney, hubieran imaginado nunca un conocimiento semejante viendo la evolución de estas relaciones a lo largo de los siglos… y, en mi opinión, lo mejor, está aún por venir.

COSTUMBRES DE LA SOCIEDAD CHINA VISTAS POR OCCIDENTE

La Real Academia de la Lengua Española define costumbres, en plural, como el conjunto de cualidades o inclinaciones y usos que forman el carácter distintivo de una nación o persona[12]. Por cualidad, inclinaciones o usos se pueden entender muchas cosas, pero teniendo en cuenta que nos referimos a una nación, pueden destacarse varios aspectos como la manera de saludar, de vestir, de comer y celebrar, de estructurarse socialmente, de tratarse entre ellos…

Pero antes de comenzar con una exposición más detallada, es importante tener en cuenta las fechas y, por tanto, saber qué dinastía gobernaba en el momento de redacción de cada uno de los tres textos que van a centrar este análisis: “Historia Mongolorum” de Carpini; “Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran Reyno de China”, de González de Mendoza y, por último, “Lord Macartney’s observations on China”, de Macartney. Carpini fue el primer europeo que visitó China en el s. XIII. Su expedición se preparó a petición del Papa Inocencio IV que quería disuadir a los mongoles de la conquista europea[13]. Por tanto, en ese momento, China estaba en manos de un pueblo extranjero, los mongoles o tártaros, que fundaron la dinastía Yuan en dicho país. González de Mendoza, en cambio, nunca lo visitó personalmente aún habiendo sido nombrado por Felipe II responsable de una embajada. Se basó en textos de otros religiosos que sí estuvieron allí. Su libro fue traducido a muchos idiomas y se convirtió en un best seller del s. XVI[14]. En esa época, los Ming, de origen chino, gobernaban el país. Por último, ya terminando el s. XVIII, Lord Macartney fue enviado por el gobierno inglés para intentar negociar con el emperador Qin un tratado comercial. Esta dinastía era de origen jurchen (manchú), es decir, otro pueblo extranjero. Por tanto, es importante tener en cuenta que abarcamos en nuestro análisis cinco siglos de historia China, mucho tiempo teniendo en cuenta los cambios de dinastías y pueblos y la evolución en la manera de observar el mundo de los propios autores.

Dicho lo cual, se destacan a continuación las principales costumbres y temas sociales que llamaron la atención a los escritores citados.

  1. SU FORMA DE VESTIR. Los tres autores hablaron de sus vestimentas. Carpini cuenta que las mujeres casadas eran las más fáciles de distinguir por llevar túnicas anchas y abiertas, pero que el resto de mujeres mogolas, no se diferenciaban de los hombres y había que ser muy observador ya que llevaban vestidos cortados por el mismo patrón y pellizas iguales unas a otras que no se cambiaban ni limpiaban. Se afeitaban la parte baja del cráneo y el resto lo dejaban crecer para unirlo en dos trenzas[15]. Este rasgo será único, ya que es típico del pueblo mongol. Los chinos de la época Ming vestían en cambio de manera más elegante. Todos llevaban sedas, la calidad dependía de si eran ricos o pobres y los miembros de la casa real vestían además con oro, plata y terciopelo. Los vestidos de las mujeres recordaban al modo español de la época: joyas, mangas anchas y lindísimos cabellos adornados con flores, cintas, o perlas[16]. Macartney también destaca las sedas que usaban al vestir, aunque hizo especial hincapié en que no se cambiaban de ropa todo lo que debieran (incluyendo desde chalecos a calzones) y, a veces, iban sucios. Casi nunca llevaban pañuelos y, por tanto, al necesitar sonarse la nariz, usaban las propias manos y luego se limpiaban donde podían. En verano, casi todo el mundo usaba abanicos ya que hacía mucho calor. Pero no todo eran malas impresiones, las mujeres que él observó también llevaban adornos y flores en el pelo, como las que Mendoza describía, y casi todas tenían un aire de elegancia e iban pintadas, lástima que casi no se las viera por la calle y que los vestidos, a su modo de ver, no cambiaban mucho de hechura y debían de ser los mismos que llevaban sus antepasados en el Arca de Noé[17] (existía la creencia generalizada en la época de que los chinos eran descendientes de uno de los nietos de Noé).
  1. LUGARES EN LOS QUE VIVÍAN. Los mongoles vivían en grupos de pocas familias. Cada una de ellas tenía su propia tienda llamada yurta y unas cuantas cabezas de ganado. Estas yurtas eran viviendas redondas hechas de varas y estacas finas y recubiertas de fieltro, con una abertura en la parte superior[18]. Llama mucho la atención saber que hoy en día, el 70% de los mongoles sigue viviendo en estas tiendas y que el 50% sigue siendo nómada[19]. Pero los chinos no compartían con los mongoles esta forma de vida, no sólo por el espacio en sí que ocupaban que eran mucho más parecidos a lo que conocemos por casas, sino también, porque eran sedentarios y vivían siempre con sus propias familias y no necesariamente en núcleos formados por varias de las mismas. Esto nos lo corrobora Lord Macartney varios siglos después, aún cuando estaban los jurchen al frente del país. Cuenta que vivían en casas grandes y suntuosas en el caso de los ricos. Sin baño fuera cual fuera su condición, muchas eran elegantes y con buen gusto en la decoración pero no usaban muchos de los muebles que utilizaban los europeos como escritorios, cómodas o espejos, ni tampoco sábanas para las camas. Los apartamentos estaban mal distribuidos, sin puertas en la mayoría de los casos y sin sistemas de calefacción sofisticados, sólo, en los mejores casos, usaban braseros con carbón que corroboraba la visión de semibárbaros[20] que tenía de los chinos. Mendoza sólo destacó la gran capacidad artística mediante la cual decoraban mesas y camas con dibujos de follaje, pájaros o monterías. Son pocos datos pero nos hacen corroborar la idea de que los chinos siempre fueron más sofisticados que los mongoles en cuanto a los lugares en los que vivir y la decoración de los mismos.
  1. QUÉ COMÍAN Y CÓMO FESTEJABAN COMIENDO. Los tres autores se interesaron también por este tema, algo muy lógico si pensamos que, comer e invitar a otras personas a hacerlo, es una de las maneras universales que tiene el hombre de celebrar. Los mongoles comían todo tipo de carne, desde perros hasta ratones pasando por carne humana si había mucha necesidad. Se bebían el líquido que expulsaban las yeguas al parir sus potros, consumían mucha leche de yegua y no tenían ni vino, ni cerveza, ni aguamiel. Tampoco comían pan, ni verduras, ni legumbres, sólo carne. No usaban manteles o servilletas y, si tenían que limpiarse, lo hacían en sus ropas, las cuales luego no cambiaban ni lavaban. Viendo este tipo de detalles, es obvio que Carpini afirmara que, comiendoy bebiendo, parecían puercos. En las celebraciones, se repartía según el mayor o menor honor que se quería hacer a los invitados, y no estaba permitido desperdiciar los alimentos porque era un gran pecado. Llama mucho la atención que en invierno bebieran mijo cocido en agua por la mañana y no volvieran a tomar nada hasta por la tarde: un trozo de carne y algo de caldo. En verano, basaban su alimentación en leche de yegua y casi no comían sólidos[21]… Sin legumbres, ni verduras, y basando la alimentación en líquidos, cuesta creer que pudieran llevar una vida normal y en buenas condiciones de salud. González de Mendoza da otra imagen bien distinta de los chinos de la época Ming. Sus celebraciones tenían comida abundante y se pasaban engullendo todo el día hasta no poder más. Esto recuerda en occidente a los grandes y desproporcionados banquetes romanos[22], y tal y como se les acusó a ellos, Mendoza también acusa a los chinos de pensar sólo en placeres terrenales y temporales y no pensar en ser comedidos de cara a Dios. Cada comensal se sentaba a una mesa diferente, aunque hubiera muchos invitados y, a su vez, cada uno tenía una hilera de mesas al lado con mucha más comida. No tocaban los alimentos con las manos y comían con palillos, según Mendoza, eran tan limpios que no necesitaban ni manteles ni servilletas. Bebían muchas veces en pequeñas cantidades y, por eso, usaban tazas muy chicas. En esas fiestas, se tocaban instrumentos que eran iguales a los que se usaban en occidente y se hacían representaciones teatrales; destaca la fiesta de año nuevo en marzo como un ejemplo de una celebración de este tipo que podía durar varios días[23]. Los chinos de esta época, tenían acceso a mucha más variedad de alimentos. Sin embargo, la narración de Mendoza parece demasiado positiva y, en mi opinión, o pasa de largo algunos aspectos o es que sólo tiene en cuenta a las clases más ricas a la hora de hacer su análisis. Carpini habla de un pueblo bárbaro que comía como tal. Lord Macartney resalta en su texto que no usan servilletas, que se valen de palillos para comer pero también de las propias manos, y que comparten un mismo vaso que lavan poco. En el s. XVIII, siguen sin tener vino, cerveza o aceite de oliva. Es verdad, que Macartney aventuró la desaparición de los palillos a favor de nuestros cubiertos[24] (cosa que no ha pasado) y que habla de ellos como más bárbaros de lo que quizá fueran, pero en el resto de narraciones se intuye cierta falta de higiene en todos los aspectos y no tanta abundancia de alimentos entre el pueblo llano.
  1. CÓMO SE SALUDABAN. González de Mendoza destacaba la gran cantidad de saludos que tienen en comparación con otras naciones. Dependiendo del grado, usaban unas u otras. Por ejemplo, cerrar la mano izquierda y cubrirla con la derecha llevándolas ambas sobre el pecho e inclinando la cabeza era el saludo del pueblo en general de la época. También le llamaba mucho la atención que la gente saliera a la calle para recibir a las visitas y que luego acompañaran a la gente a la puerta como manera de atender al invitado. Es curioso que en occidente en esa época no se hiciera, hoy día, se ha convertido en una norma de educación y lo extraño, al menos personalmente, sería no hacerlo. Mendoza también resaltaba cómo los chinos de la época Ming se invitaban a comer o a beber a la mínima ocasión y se hacían muchos regalos entre ellos[25]. Lord Macartney, varias décadas después y con los Qing en el poder, destacaba prácticamente lo mismo: que se saludan de manera muy ceremoniosa utilizando todo el cuerpo y que tenían, según a quién saludaran, diferentes formas de hacerlo, añadiendo que a los extranjeros los consideraban casi bárbaros por no conocer todo este sistema de saludos[26].
  1. EN SU SOCIEDAD Y EN SUS FAMILIAS. Carpini dice que los mongoles eran más obedientes a sus amos que ningún otro hombre del mundo. Casi nunca reñían y no existían bandoleros o grandes ladrones. Se respetaban y eran muy amigos unos de otros teniendo muy en cuenta el lugar que cada uno ocupaba en la sociedad[27]. Por su parte, Mendoza destaca las leyes y castigos que había para que no hubiera pobres en las calles o los templos. Si había un inválido que no podía trabajar, se debía hacer cargo de él el pariente más directo. Si no lo tuviera, el emperador haría lo necesario para que pudiera vivir. Los ciegos no eran considerados hombres y trabajaban en cosas en las que no hacía falta la vista[28]. Macartney sin embargo se centra en las estructuras familiares. Toda la sociedad se regía por rangos muy marcados basados en subordinación y respeto, más que en ningún otro país, también la política y por supuesto la familia. Por ello, los padres eran autoritarios pero amables y los hijos obedecían sin rechistar sabiendo cual era su lugar dentro de la familia y no hacía falta que los padres tuvieran que estar riñéndoles, cada uno sabía qué era lo importante para la familia y así actuaban[29]. En cuanto a los matrimonios, cada hombre tenía cuantas mujeres puede mantener durante los cinco siglos que abarca nuestro análisis, siempre una principal y luego otras secundarios. En el caso de los mongoles, se unían casi siempre a parientas que no fueran madre, hijo o hermana. Cuando el marido fallecía, el hermano pequeño tenía la obligación de tomar a la mujer viuda. Las demás mujeres no solían encontrar otro marido, a no ser que alguien quisiera casarse con su madrastra. Y si, a alguna la pillaban cometiendo adulterio, podían matarlas[30]. En la dinastía Ming, Mendoza nos cuenta que tenían mucho interés en casar cuanto antes a sus hijos para que no se descarriaran, incluso antes de nacer ya intentaban apalabrar uniones. Quién tenía muchas hijas era considerado rico por recibir el dinero de las dotes. Si se cometía adulterio, podían matar a la mujer y al amante, pero si en el momento no lo hacía, el castigo consistía en azotarlos fuertemente en los muslos[31]. Macartney sólo se refiere a este tema para hablar de la libertad para casarse entre chinos y tártaros (jurchen), aunque no era normal que lo hicieran.
  1. EL LUGAR DE LAS MUJERES. Los tres autores hablan de lo castas que son las mujeres chinas. Mendoza queda gratamente impresionado por la costumbre y las leyes de este país mediante las cuales la mujer debía estar encerrada, alejada de conversaciones en ventana y ocupadas todo el día en costuras y labores del hogar para evitar vicios. Esto se transmitía de madres a hijas y era una auténtica deshonra no actuar así. De hecho, si salían a la calle era dentro de literas que impedían ver el interior. Según Mendoza, la libertad de las mujeres es perjudicial para un estado. Las mujeres públicas estaban permitidas para mantener ese orden y que los hombres, ante mucha necesidad, tuvieran adónde ir[32]. Pero lo más interesante de todo, es el testimonio de Lord Macartney y Mendoza sobre la tradición de vendar los pies a las mujeres para impedir su crecimiento. Mendoza comenta que es algo que debían llevar con paciencia porque es una tradición que se sigue como una ley: cuanto más pequeños los pies, más dama se consideraba. Pero comenta la otra cara de la moneda, cómo quedaban medio tullidas y andaban mal para así limitarse sólo a moverse haciendo sus cosas.[33] Lord Macartney va más allá y hace una reflexión muy acertada. Aunque se lamenta del trato que recibían las mujeres con esta práctica y del excesivo recogimiento que debían tener en China, reconoce que las modas muchas veces son absurdas y que en ningún lado se libran (salvando las distancias) de costumbres de este tipo. Y pone el ejemplo de los tacones en las cortes europeas y cómo apretaban los pies.  Por supuesto, allí nadie llegaba a mutilarse y una de las razones de su existencia no era tener atadas en corto a las féminas[34].
  1. A QUÉ SE DEDICABAN Y CÓMO. Si en algo coinciden plenamente los tres autores es en este punto: el pueblo chino era un pueblo muy trabajador. Carpini, por su parte, nos cuenta a qué se dedicaban los mongoles. Ellos hacían flechas y cuidaban los rebaños, cazaban y se entrenaban en el uso del arco. Desde muy pequeños, a niños y a niñas, se les enseñaba a montar a caballo. Algunas de las mujeres mongolas también sabían manejar con soltura los arcos y las flechas y todas confeccionaban los vestidos y las pellizas y sabían reparar y conducir los carros. Eran muy trabajadoras[35]. Mendoza, sin embargo, destaca a los comerciantes. Dice que ellos que eran muy buenos comprando y vendiendo. Que los que se dedicaban al mismo oficio se organizaban en las mismas calles y ponían tablas a modo de cartel contando qué vendían: sedas, brocalotes, porcelanas (las mejores nunca las sacaban de China para poder regalarlas al rey y a los altos cargos) y telas de oro los más ricos; lienzo y piezas de algodón los más pobres. Los comercios se heredaban de padres a hijos así como la profesión[36]. Macartney dice que son muy trabajadores, aplicados, para nada tranquilos en sus trabajos como se intentaba hacer creer, y que sabían perfectamente cómo conseguir ganancias llegando muchas veces a engañar o no cumplir sus promesas[37]. Este espíritu trabajador podemos verlo hoy día reflejado en nuestra propia sociedad, en la gran dedicación con la que trabajan los chinos en sus negocios dentro de nuestro propio país y en el efecto que todo ello está teniendo en occidente con las nuevas revisiones de jornadas en el parlamento europeo y el deseo mundial de equiparar a este pueblo competitivo e incansable[38].
  1. CÓMO ENTERRABAN A SUS MUERTOS. Los mongoles enterraban a sus nobles a escondidas en el campo. Los sepultaban con una de sus tiendas, sentado, y delante de él ponían una mesa con comida. Con él enterraban una yegua con su potro y un caballo con silla de montar, una tienda para que tuviera dónde vivir en la otra vida y se comían otro caballo para luego quemar sus huesos por el alma del difunto. Otra manera de enterrar era cavando un par de hoyos y poniendo al sirviente que más estimaba debajo del difunto tres veces, si éste no se ahogaba, lo dejaban libre. Tanto de una manera como de la otra, si en el lugar dónde estaba enterrado crecía una planta, no podía cortarse ni la planta ni sus ramas. Tenían dos cementerios, según contaba Carpini, y estaba prohibido acercarse a ellos. Además, la gente cercana al difunto debía purificarse pasando entre fuegos por debajo de una cuerda para no ser rechazados como impuros[39]. Con la dinastía Ming, los chinos mantenían algunas de estas costumbres que debían ser comunes a ambas culturas. Por ejemplo, en un principio, y para la despedida, sentaban al difunto en una silla. Luego lo metían en el ataúd y lo dejaban en una sala 15 días, rodeado de comida y ofrendas. Cuando lo enterraban, plantaban al lado un pino que no debía jamás cortarse por considerarse sagrado. Usaban el fuego de manera diferente, para quemar deseos o peticiones escritas en papeles y, cuando todo acababa, hacían una gran fiesta para que en el cielo, el alma fuera recibida con el mismo júbilo y alegría que ellos derrochaban[40].

CONCLUSIÓN

Tres dinastías, cinco siglos y tres autores diferentes. Las costumbres chinas se han observado con una lupa occidental en estas páginas. Muchas llamaron la atención en su día, la mayoría nos resultan ahora más o menos familiares. Las cosas han cambiado, China poco a poco se ha occidentalizado y las costumbres empiezan a estar en muchos casos en peligro de extinción. Las mujeres han ganado libertad y derechos, los occidentales juegan a comer con palillos, los chinos siguen siendo trabajadores retando los horarios del mundo entero y la higiene, menos mal, abarca hoy día casi todos los sectores sociales. Las cosas menos positivas se han ido mitigando, esperemos que los saludos, festejos y otras tantas costumbres que forman su identidad y les enriquecen, no desaparezcan con el paso del tiempo y sigan impresionando a otras culturas, a nuevos exploradores.

Historia del Asia Oriental I
Profesor: Joan Tarrida Vallès

BIBLIOGRAFÍA

– CARPINI, Giovanni, “Historia Mongolorum”, en GIL, J. (1993). En demanda del Gran Khan. Madrid: Alianza Editorial.

– GONZÁLEZ DE MENDOZA, Juan. Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran Reyno de la China. Edición de 1596.


[1] Apuntes de: Historia de Asia Oriental I: los imperios de Asia Oriental; mod. 1: “La articulación de Asia Otriental”. Dolors Folch i Fornesa. UOC

[2] Ibidem; mod. 2: “La formación de los primeros imperio en Asia Otriental” y mod. 3: “El período de desunión”. Dolors Folch i Fornesa. UOC

[3] Ibidem; mod. 4: “La reunificación imperial los Sui y los Tang”. Dolors Folch i Fornesa. UOC

[4] Ibidem; mod. 5: “La China Song y el Japón Nara y Heian”. Dolors Folch i Fornesa. UOC

[5] Ibidem; mod. 6: “Los mongoles en Asia Oriental”. Dolors Folch i Fornesa. UOC

[6] Ibidem; mod. 7: “La China de los Ming”. Dolors Folch i Fornesa. UOC

[7] Ibidem; mod. 8: “La dinastía Qin”. Dolors Folch i Fornesa. UOC

[8] Firma de la Paz de Nerchinsk entre los Qin y los dzúngaros. Ibidem.

[13] “Juan de Piano Carpini,” Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2008; http://es.encarta.msn.com © 1997-2008 Microsoft Corporation. (último acceso: 26/12/08)

[14] http://www.chinaviva.com/libros/mendoza.htm (último acceso: 26/12/08)

[15] Carpini, Giovanni. “Historia Mongolorum”en Gil, J. (1993). En demanda del Gran Khan. Madrid: Alianza Editorial. Cap. II: “Sobre sus personas, sus vestidos, sus moradas, sus enseres y sus casamientos”.

[16] González de Mendoza, Juan. Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran Reyno de la China. Edición de 1596; Libro I. Cap. X “De la disposición, trajes y otros ejercicios de la gente de este reyno”; p. 9.

[17] Cranmer-Byng, J.LN (ed), (1962). “Lord Macartney’s observations on China”: “Manners and Character”; en An Embassy to China. Being the Journal kept by Lord Macartney during his embassy to the Emperor Ch’ien-lung, 1793-1794. Londres: Longmans.

[18] Carpini. En demanda del…Op. Cit.

[20] Cranmer-Byng. An Embassy to China… Op. Cit.

[21] Carpini. En demanda del…Op. Cit. Cap. IV: “Sobre sus buenas y malas costumbres, sus usos y sus comidas, etc.”.

[23] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit.; Libro III. Cap. XVIII “Del modo que estos chinos tienen en hacer sus banquetes y de las fiestas que celebran”; p. 40.

[24] Cranmer-Byng. An Embassy to China… Op. Cit.

[25] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit. Libro II. Cap. XIX: “Del modo que los deste reyno tienen en saludarse y algunas de las ceremonias que en ello usan”; p. 41.

[26] Cranmer-Byng. An Embassy to China… Op. Cit.

[27] Carpini. En demanda del…Op. Cit. Cap. IV: “Sobre sus buenas y malas costumbres, sus usos y sus comidas, etc.”.

[28] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit. Libro II. Cap. XX: “De cómo en todo este reyno no andan pobres por las calles ni templos, y del orden que el rey tiene dado para sustentar a los que no pueden trabajar”; p. 20.

[29] Cranmer-Byng. An Embassy to China… Op. Cit.

[30] Carpini. En demanda del…Op. Cit. Cap. II: “Sobre sus personas, sus vestidos, sus moradas, sus enseres y sus casamientos”.

[31] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit. Libro II. Cap. IX: “Del modo que tienen en celebrar sus matrimonios, y de las ceremonias que en ellos usan”; p.18.

[32] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit. Libro III. Cap. XX: “Del gran recogimiento con que viven las mugeres, de las mugeres deste reyno y de las condiciones con que permiten las mugeres públicas”; p. 42.

[33] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit. Libro I. Cap. X: “De la disposición, trajes y otros ejercicios de la gente deste reyno”; p.9.

[34] Cranmer-Byng. An Embassy to China… Op. Cit.

[35] Carpini. En demanda del…Op. Cit. Cap. IV: “Sobre sus buenas y malas costumbres, sus usos y sus comidas, etc.”.

[36] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit.; Libro I. Cap. X “De la disposición, trajes y otros ejercicios de la gente de este reyno”: p. 9.

[37] Cranmer-Byng. An Embassy to China… Op. Cit.

[39] Carpini. En demanda del… Op. Ciy…Cap. III: “Sobre su culto a Dios; las cosas que creen que son pecados; sus adivinaciones, purificaciones y ceremonias fúnebres, etc”.

[40] González de Mendoza. Historia de… Op. Cit.; LibroII, Cap. VIII “Del orden que tienen en enterrar sus muertos, y de los lutos que usan traer por ellos”; p. 17.

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